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  Mientras las fuerzas de ocupación de  EU luchan contra la resistencia contra la resistencia popular en Bagdad, sus diplomáticos combaten en Madrid por conseguir dinero fresco. A puerta cerrada o, mejor, cercada, en el Campo de las Naciones, los representantes de los países acreedores y las instituciones financieras internacionales se reunieron  durante dos días para ver cómo y cuándo McDonands y otras multinacionales pueden comenzar a operar en Irak. A cambio de permitir la instalación en Irak de estas multinacionales.

Los países acreedores comprometerán cien­tos de miles de dólares para financiar la ocupación del país y asegurar que nada pase a sus inversiones. Al menos durante el tiempo necesario para llenar sus arcas de oro a orillas del Tigris y el Eufrates.

Pero los que tendrán que pagar por las hamburguesas y las patatas no estuvieron presentes en la Conferencia de Donantes de Madrid.

Lo que está en juego

Estados Unidos pidió en la Conferencia de Donantes que la "comunidad internacional" financie su ocupación porque no puede ha­cerla por sí mismo.

Al comienzo, EU confiaba en que las ren­tas del petróleo Iraqui y el dinero de sus contribuyentes fueran suficientes. El subsecretario de defensa, Wolfowitz, afirmó ante el Congreso de EU, antes de la guerra, que estamos ante un país que puede sin du­das financiar su propia reconstrucción y en un periodo relativamente breve" y garantizó que las rentas del petróleo Iraquí proporcio­narían entre 50 mil y 100 mil millones de dólares en dos años.

El sabotaje continuo de los oleoductos por parte de la resistencia Iraquí y los rece­los de una industria petrolera bastante pru­dente cuando se trata de invertir su dinero para hacer funcionar los pozos ha hecho trizas estos planes iniciales, causando un grave problema financiero y una crisis pre­supuestaria. Edward Chow, un antiguo eje­cutivo internacional de Chevron y actualmen­te analista de la Fundación Carnagie ha pre­dicho que "el costo de producción excede­rá con mucho los beneficios a corto y largo plazo". .

Ello ha obligado a la Administración Bush a pedir con grandes reticencias a los contri­buyentes de EU un paquete de 87 mmdd, que ha encontrado para su aprobación una resistencia inesperada en un Congreso con­trolado por Bush. Si el dinero tuviera su ori­gen en Irak y los bolsillos de los contribu­yentes de EU, se hubiera permitido a Was­hington decidir de manera unilateral qué multinacionales se llevarían los contratos por un valor total de más de 100 mmdd, en lo que se considera la mayor oportunidad de negocios en un proceso de reconstrucción desde el fin de la Segunda Guerra Mundial; pero cuando las rentas del petróleo son menos que seguras y las reticencias de los contribuyentes de EU constatables, EU no ha tenido más remedio que dejar de lado su pretensión de ser el único que se apro­veche del negocio de la reconstrucción tras la guerra de Irak.